Mi nombre es ______ Lewis Smith. No tenía el apellido de mi padre, esos eran los apellidos de mi madre. Una vez le pregunte por mi padre y ella me dijo que ella y el nunca pudieron estar juntos por él. Nunca más le volví a preguntar sobre él. Aunque siempre he querido uno. Vivo en Londres en White Street. Crecí como cualquier muggle; iba a la escuela, espera en la fila, en fin ustedes entienden, pero nunca supe porque me sentía especial, sentía que era diferente. Pasados algunos días de haber recibido mi carta, la cual ya había devuelto la carta de inscripción (con una lechuza que mi mamá tenía oculta). ¡Tenía muchas ansias de ir! ¡Estaba verdaderamente emocionada!
Hoy ya era el 31 de Julio, ya habían pasado dos semanas de haber devuelto la carta. Mi mamá decido que iríamos al Callejón Diagon, pero primero pasaríamos por el Caldero Chorreante (Que era una pequeña taberna con un aspecto muy lamentable). Al entrar al Callejón me sorprendí mucho ya que era mucho más grande de lo que me imaginada. Lo que más destacaba era un edificio que era muy grande y había muchas personas de corta estatura, con la piel algo morena y orejas muy puntiagudas.
-Soy duendes ____, son muy estrictos y aunque hablan muy poco ellos tienen en su poder nuestra economía- me dijo mi mamá tomándome de la mano y yendo a dónde estaban los duendes
-¿Entonces eso es un banco?- le pregunte asombrada
-Si, se llama Gringotts para ser exactas- me respondió dedicándome a cálida sonrisa.
-¡Ohh!- le dije. Entramos a Gringotts y incluso era más grande de lo que parecía afuera. Era muy elegante, tenía muchas mesas en todo el pasillo con uno o dos duendes por mesa. Todos los duendes parecían muy enojados, seguimos caminando hasta la última mesa donde sólo había un duende.
-Disculpe quiero ver la Cámara 246- le dijo mi mamá muy sería.
-¿La llave?- le pregunto el duende con una sonrisa muy malévola
-Tome- dijo mi mamá sacando una llave con una forma de corazón de su bolsa. El duende la observo detalladamente y al final volvió a sonreír, pero esta vez lo hizo viéndome, me estremecí.
-Pase, por aquí- contesto el duende bajando de la mesa y dirigiéndose a una puerta atrás de la mesa. Entramos y me volví a sorprender, ya que había en vez de un sótano, ¡era una cueva gigante! Subimos a un carro y el carro avanzo. Parecía una montaña rusa, fue muy divertido, de repente el carro frenó. El duende bajo y había una puerta muy extraña a lado de nosotros, el duende saco la llave, la metió y le dio vuelta, me di cuenta que sus dedos eran muy largos. Él se alejó y la puerta se abrió desde el centro, hacia afuera. Atrás de la puerta, había una cámara muy grande que estaba lleva de monedas de oro.
-Todo eso _____ es lo que es ahorrado para hoy- me dijo mi mamá
-¿Solamente para hoy?- pregunte asombrada
-Bueno, no sólo hoy....- me dijo mi mamá
-Okey- le dije. Mamá entro en la cámara y tomo un buen puño de monedas y las metió en su bolsa. Cuando salimos nos dirigimos a una tienda estrecha y de mal aspecto. Sobre la puerta con letras doradas decía:
"Ollivander: fabricantes de excelentes varitas desde el 382 a.C."
Mamá me dijo que me iba a comprar una mascota y los libros y que la tienda de mascotas ya cerraba (habíamos llegado a las 7:00p.m), me iría a comprar una lechuza gris, mientras yo pasaba por mi varita. Entre y la tienda estaba llena de cajas amontonadas, se escuchó el tintineo cuando entré pero nadie se asomó de la mesa que estaba enfrente de la puerta.
-¿Hola?- dije, en ese momento se volvió a escuchar un tintineo, voltee y vi a un chico de mi edad rubio y pálido, tenía un aire sumamente vanidoso.
-Hola -le dije sonriendo, el solo me volteo a ver. Esta vez escuche algo de ruedas moviéndose, me dirigí hacia la mesa otra vez y salió de detrás de una estantería un hombre ya grande que tenía la cara de alguien amigable.
-Hola, soy el Señor Ollivander - nos dijo el señor
-Hola- dijo con un susurro el muchacho rubio
-A Hogwarts, ¿verdad?- nos preguntó
-Si- respondimos los dos al mismo tiempo
-Mmmm a ti- dijo señalándome- ya se cual varita- habiendo dicho esto se volvió a meter detrás de la estantería.
-¿Vas a ir a Hogwarts?- me pregunto el chico acercándose a mí.
-Sí, también tú, ¿verdad?- le sonreí
-Sí, soy Draco Malfoy- me dijo extendiendo su mano hacia mí
-¡Mucho gusto! Soy ____ Lewis- le dije estrechando su mano. Draco iba a decir algo más cuando el señor Ollivander se asomó con una caja en las manos
-Toma- me dijo entregándome una varita. No sabía qué hacer con ella
-¿Qué hago?- le pregunte
-Simplemente agitala- me dijo. Lo hize y una caja salió volando de la estantería, estrellándose en la pared. Draco río
-No, esa no- me dijo quitándome la varita de las manos y dejándola en la mesa. Volvió a desaparecer tras la estantería
-Mmmm ¿en qué casa crees que vas a estar?- me pregunto Draco
-¿Casa?- le pregunte extrañada
-¡Si! ¿En Slytherin, Hufflepuff, Ravenclaw o Gryffindor?- me respondió
-Este no sé y ¿a ti?- le sonreí
-En Slytherin- me dijo con orgullo
-¡Ahh!- le dije la verdad es que no sabía muy bien a lo que se refería con casas....
-¿Oye tus papas son magos?- me pregunto y se sonrojó al instante
-Si, ¿por?- le dije
-Curiosidad - me dijo levantando sus manos como sí lo estuviera apuntando con un arma. Reí. Volvió a salir el señor Ollivander con otra caja en sus manos
-Madera de Roble Inglés, núcleo de nervio de dragón y 28 cm de larga y es ligeramente elástica- me dijo entregándome la varita. La agite y salió un chorro de luz roja con dorado.
-Perfecto, perfecto- me dijo el entregándome la caja de mi nueva varita. La guarde con cuidado, mientras que el señor Ollivander atendía a Draco.
-¿Cuánto sería?- le pregunte al señor Ollivander
-7 galeones- me dijo. Le tendí siete monedas de oro, al parecer no me había equivocado.
-¿Te espero?- le pregunte a Draco.
-Si quieres...- dijo el sonrojado. El señor Ollivander le gustaba desaparecer detrás de la estantería.
-Y ¿por qué no sabes nada acerca de Hogwarts?- me pregunto Draco
-Eso... Bueno mi mamá nunca me había dicho que era una bruja, hasta dos semanas atrás, cuando recibí la carta de Hogwarts- le explique
-Ohh- me dijo. El señor Ollivander reapareció y le entrego a Draco una varita de Pino, con núcleo de pluma de fénix y era de flexibilidad media.
Cuando salimos ¡vi a mi mamá con una lechuza hermosa! ¡No era gris, pero era bellísima! Tenía el pecho y la cara blanca pero las plumas de la espalda eran color cobrizo con manchones grisáceos. Me acerque a mi mamá con Draco pegado a mí.
-¡Mamá, es bellísima!- le dije hablando de la lechuza
-Pero hija no es gris...- me dijo triste
-¡No me importa! ¡Esta es original y bella!- le dije feliz
-Y ¿cómo le llamaras?- me pregunto Draco, en ese momento mi mamá se percató de él.
-Mmmm todavía no sé...- le dije pensando en un nombre para una lechuza.
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